El relato de Alma es sobrecogedoramente simple: una vecina le debía dinero por una tanda, una práctica de ahorro informal que se da en comunidades populares, y ella fue a reclamar lo que se le adeudaba. Sin embargo, la realidad se convirtió en un infierno cuando Alma se encontró en el centro de una investigación policial y, más tarde, en el juzgado. La defensa del caso ha promovido un amparo para evitar que el proceso avance, lo que ha llevado a esta historia a la luz pública.
Alma asegura que no sabía que estaba cometiendo un delito, mucho menos uno equiparable en penas a secuestro o delincuencia organizada. Su versión de los hechos es contundente: fue a la casa de su vecina para recuperar el dinero que se le adeudaba y, cuando llegó, encontró una situación caótica. La vecina no estaba allí y Alma decidió esperar un rato antes de marcharse. Fue entonces cuando surgió el problema: los policías acudieron al lugar y la detuvieron.
La forma en que se desarrolló la investigación es preocupante. Alma dice que se sentía confundida y asustada ante las preguntas de los agentes, que no parecían interesados en escuchar su versión de los hechos. La vecina, por otro lado, había denunciado el supuesto secuestro y, según Alma, había mentido sobre lo que realmente ocurrió. La defensa del caso ha argumentado que la investigación se basó en una serie de testimonios falsos y que Alma fue víctima de un sistema que no considera las circunstancias sociales y culturales de las personas involucradas.
La impunidad es un tema central







