Gran parte del desierto blanqueado por el sol en el noroeste de la Patagonia luce como hace 100 millones de años: una vasta extensión prehistórica donde alguna vez deambularon los dinosaurios más grandes del mundo.
Pero ahora ha llegado rugiendo otro tipo de coloso, uno que tiene imponentes plataformas que avanzan por el suelo del desierto y excavan las profundidades debajo de él en una furiosa carrera por petróleo y gas.
Las gigantescas patas de hierro de las plataformas extraen petróleo y gas de esquisto a niveles nunca antes vistos en Argentina, lo que ha convertido a una franja tranquila del país en el centro vibrante de un nuevo auge petrolero y gasífero que alimenta una ola de optimismo sobre el futuro.
“Llegamos a la tierra prometida”, dijo Raúl Krasuk, de 69 años, quien administra pozos para Vista, una empresa energética argentina. Estaba sentado en la cafetería de un yacimiento petrolífero, donde sirven pechugas de pollo a trabajadores llegados de toda Argentina en busca de una tajada de la bonanza.
El presidente Javier Milei ha llamado al yacimiento de petróleo y gas —conocido como Vaca Muerta— una “panacea” para Argentina, con el potencial de resolver la inestabilidad económica crónica del país al inundarlo con dólares de las exportaciones. Ha apostado con fuerza por el proyecto.

Por primera vez en la historia del país, el petróleo crudo superó a la harina de soja como principal producto de exportación este año. Ahora, muchos en el sector petrolero invocan la promesa de un segundo auge económico tras el surgimiento agrícola que, hace más de un siglo, convirtió a Argentina en uno de los países más ricos del mundo.
“Es la última gran oportunidad que va a tener la Argentina para salir adelante”, dijo Rolando Figueroa, el gobernador de la provincia de Neuquén, donde se encuentra la zona rica en esquisto a la que muchos llaman el Texas de Argentina.
El fondo de cobertura del multimillonario estadounidense Peter Thiel, quien se ha afianzado en Argentina, reportó recientemente que había adquirido más de 76 millones de dólares en acciones de Vista.
Aun así, muchos cuestionan si Vaca Muerta puede, de verdad, catalizar el renacimiento económico de Argentina, un país lastrado en las últimas décadas por una inflación galopante y crisis monetarias. Muchos negocios están cerrando a medida que las medidas de austeridad de Milei han debilitado la demanda interna, mientras que la reducción de barreras comerciales ha expuesto a las empresas locales a una competencia más barata, lo que alimenta el escepticismo sobre si el auge petrolero puede generar suficientes empleos para absorber las pérdidas generalizadas en otros sectores.


Los sectores económicos que prosperan bajo el mandato de Milei —la energía y la minería— generan relativamente pocos empleos, mientras que los sectores intensivos en mano de obra, como la manufactura o el comercio minorista, están sufriendo.
Milei dice que Vaca Muerta impulsará una actividad económica más amplia, pero por ahora, muchos trabajadores que participan en la fiebre del oro negro llegaron en autobuses sin nada más que una mochila y una carpa, huyendo de salarios bajos o la falta de trabajo en otros lugares.
Tantos aspirantes inundaron Añelo, el pueblo más cercano a las reservas de petróleo y gas, que el alcalde ha suplicado a los foráneos que dejen de llegar.
“No es tanto el trabajo que hay para todos”, dijo el intendente, Fernando Banderet, en la radio argentina en junio.


El pujante sector energético aporta un flujo nuevo y muy necesario de dólares a una Argentina sedienta de efectivo, y le asegura un papel más importante en los mercados energéticos mundiales presionados por el conflicto en Irán. Aun así, la dependencia de la fracturación hidráulica está levantando alarmas ambientales a nivel local y cuestionamientos sobre comprometer el futuro de la nación a los combustibles fósiles que gran parte del mundo se comprometió hace poco a dejar atrás.
Pese a estas dudas y desafíos, lo que está claro es que gran parte del país tiene los ojos puestos en Vaca Muerta.
Banderet dijo que es una revolución.
La fiebre de Vaca Muerta
Banderet llegó a Añelo cuando él era un niño y la población, una comunidad rural pequeña y desfavorecida. Pasó gran parte de su juventud viviendo en un autobús adaptado, se convirtió en padre a los 16 años y comenzó a trabajar como recolector de frutas.
Ahora todo ha cambiado. A medida que gobiernos extranjeros y emprendedores lo cortejaban para oportunidades relacionadas con el petróleo en Añelo, dijo que asistió a la segunda toma de posesión del presidente Donald Trump, hizo un viaje a Israel y estuvo en el Festival de Cine de Cannes.
Banderet lo llama la fiebre de Vaca Muerta.
En los últimos dos años, miles de personas han llegado a Añelo. Algunas al principio dormían en carpas hasta poder pagar una cama en alguna de las viviendas prefabricadas que han surgido casi de la noche a la mañana. La población de Añelo se duplicó en los últimos dos años, hasta llegar a 12.000 habitantes, dijo Banderet, mientras detrás de él resonaba el golpeteo de martillos por la ampliación del ayuntamiento.


El zumbido se había convertido en la banda sonora del pueblo: un coro de motores de las camionetas blancas de los trabajadores petroleros que crean tráfico en la avenida principal, el chirrido de las mezcladoras de cemento batiendo concreto fresco y el estruendo de las torres de perforación a lo lejos.
En una tarde reciente, Sabino Poblete, de 46 años, trabajaba en la construcción de nuevos apartamentos; el atardecer del desierto bañaba de naranja los pilares de concreto desnudo, mientras las llamas de las antorchas de gas parpadeaban en el horizonte. Poblete, quien había llegado a Añelo apenas cinco días antes haciendo autostop con una mochila y una tienda de campaña desde Córdoba, ciudad en el centro de Argentina, dijo que había ido a probar suerte.


En la gasolinera cercana, otros trabajadores migrantes esperaban un autobús.
Ezequiel Barrozo, de 27 años, dijo que se decía que esta es la capital del petróleo. Dijo que la gente le decía que si emigraba a Añelo aprovecharía una gran oportunidad, y abandonó la ciudad de Rosario este año. Triplicó el salario de policía de su ciudad natal, dijo, al encontrar trabajo de construcción en Añelo.
Este optimismo de “viejo oeste” es visible en toda la provincia de Neuquén, que rodea a Añelo. Los restaurantes están llenos y se construyen hoteles y complejos residenciales con nombres como Shale Hotel o Complejo Habitacional Petroleum. Centros comerciales y concesionarios de camiones están brotando en extensiones áridas dominadas durante mucho tiempo por los vientos y los huesos de dinosaurio.
En lo alto de las orillas del río Limay, jóvenes ingenieros de toda Argentina se sientan en la sala de control de alta tecnología de Vista para monitorear de forma remota los sitios de extracción.


A pocos kilómetros de distancia, jóvenes argentinos aprenden oficios de los campos petroleros de manera gratuita, en un nuevo instituto de capacitación patrocinado por empresas del sector. En una tarde reciente, los estudiantes utilizaron estaciones de control similares a las de los videojuegos para realizar simulaciones de trabajo inmersivas. En un país donde un enorme número de jóvenes profesionales busca oportunidades en el extranjero, estos estudiantes dijeron sentirse entusiasmados con sus carreras en casa.
El director de la escuela, Gustavo Livoreiro, dijo a los estudiantes que eran el futuro del país cuando los saludó al entrar a un aula.
Un cambio transformador
Una nueva visión del país estaba surgiendo en Neuquén: una imagen diferente a la de las fértiles tierras de cultivo y sus gauchos, que han definido a la nación durante mucho tiempo. Aquí, el futuro de Argentina se parece a enormes tanques de petróleo con troncos metálicos apuntando hacia el cielo del desierto, y huele a diésel mientras hombres cubiertos de lodo sacan tuberías de perforación desde las profundidades de la Tierra.


La formación de esquisto de Vaca Muerta, que contiene las cuartas mayores reservas de petróleo de esquisto del mundo y las segundas mayores de gas de esquisto, se conocía desde hacía décadas, pero Argentina apenas recientemente consiguió la inversión e importó la tecnología avanzada necesaria para extraerlos a gran escala. Ahora, Argentina produce más de 850.000 barriles de petróleo al día, frente a los cerca de 500.000 de hace una década.
En los últimos 10 años, Vaca Muerta ha ayudado a transformar el déficit energético multimillonario de Argentina en un superávit, con la expectativa de mayores ganancias en el futuro, especialmente en medio de crisis mundiales que aumentaron el atractivo de un suministro de energía estable y libre de conflictos.
Milei ha impulsado el sector energético con importantes exenciones fiscales a la inversión, y ha facilitado la exportación de combustible, impulsando el avance de un nuevo oleoducto vital. Aunque los gobiernos argentinos anteriores sentaron las bases en Vaca Muerta, el gobierno de Milei ahora está en posición de cosechar sus frutos.
La explotación de esquisto, combinada con un nuevo ajuste presupuestario del gobierno, marca “un cambio estructural, fundamental, transformacional”, dijo Marcelo Mindlin, presidente de Pampa Energía, una de las empresas energéticas más grandes de Argentina.
“Argentina es el símbolo de inestabilidad entre los países del mundo”, dijo Mindlin. “Estas dos transformaciones creo que tienen grandes posibilidades de cambiar esa historia”.
O estás dentro o estás fuera
No todas las personas tienen esa confianza. Argentina sigue profundamente dividida respecto al nuevo rumbo del país.
Los críticos señalan que, mientras la maquinaria ruge en la zona petrolera, en los centros industriales como la provincia de Buenos Aires, las líneas de ensamblaje se han quedado en silencio.
La disparidad es visible en Neuquén. A muchos de los que trabajan fuera del ecosistema energético —como los maestros o los trabajadores municipales— les resulta cada vez más inalcanzable el costo de vida básico. Incluso aquí, en la capital energética del país, la eliminación de los subsidios estatales por parte de Milei ha encarecido el gas para muchos. Algunos, incluidas ciertas comunidades indígenas mapuches, carecen de conexiones de gas en sus hogares.
Lef Nawel, activista mapuche en Neuquén, dijo que la paradoja de la nueva Argentina era que la gente podía ser parte de los avances o quedarse fuera.


Los mapuches, que tienen algunos de los vínculos más profundos con la tierra donde se llevan a cabo estas operaciones, han sido los opositores más acérrimos a la fracturación hidráulica.
Protestan contra las antorchas de gas contaminantes, dicen que los desechos químicos de las plantas suelen manejarse de manera inadecuada y advierten que el consumo de agua de la industria amenaza con agotar ríos que ya sufren los efectos del cambio climático.
Olga Mabel Campo, una líder de la comunidad mapuche, dijo que otras personas extraen el petróleo y se lo llevan, pero es su comunidad la que vive en el lugar y se queda ahí.
El hijo de Campo es trabajador petrolero. Pese a su oposición, era el mejor trabajo que él pudo encontrar en el pueblo, dijo.
Cuando una llave de hierro giró fuera de control y le golpeó la cara, le rompió todos los dientes y le laceró la boca. En otra ocasión, una caída desde la plataforma de una torre de perforación le fracturó la columna y le rompió la pierna.
Gracias al pago de la indemnización por accidentes de trabajo, dijo, él pudo construir una casa en Añelo. Y sigue trabajando en la industria.
Campo dijo que es un cambio imposible de detener porque, según ha escuchado, Vaca Muerta salvará al mundo.







